martes, 7 de febrero de 2017

SIGNALS OF THE ABSENCE

Imagen cogida de la red





SIGNALS OF THE ABSENCE




The drop of silence falls down over the cough of the invisible trains.
Sunk  the mouth into the fist of granite, we can only wait the resigned games
of the leaves and certain cloudy religiosity of all that which stays
on the face: the eyes have died and sunk the altitude of the horizon.
From darkness hang all the mots of light, the insensitive colours
of the immobile, the colossal holes of identity.

(Through the  horses of the hollow, the frenzy existence
of the incomprehensible, or the terrifying disguise of loneliness. I always disbelieve
of the gloomy little bird that hangs from the temples, the sinister photographer
of windows, of those who play the clock at night possessed by the obscenity
of dissolutions. I always jump from one mendicity to another. I always go on like
the last animal behind only some coins.
Hard are the feet climbing over the trees of granite, above all when the
brothels and the dictionaries , the fears and the constellations get old.
It´s useless the  dispersed of the saliva, not  even this world
with the shadow of your name: I am still here spreading that shadow of expectancy,
made opacity my self--respect, sunk in the emptiness of so many early mornings.
Every time results to me immense and distant the lucky star.
Around the own history  silences die or fall down engrossed
in the suicide stream of the days. The clock of memory, ah! isolated air.
In the middle of my imageries, the echoes of the gasp over the breath
of this period of the waiting: I write on the blind road of the eye. The stone aches.)

Tradfucción al inglés Grace B. Castro H.  
Febrero 5, 2017



SEÑALES DE LA AUSENCIA




Cae la gota de silencio sobre la tos de los trenes invisibles.
Hundida la boca en el puño del granito, solo podemos esperar los juegos resignados
de las hojas y cierta religiosidad borrosa de todo cuanto se fija
en el rostro: han muerto los ojos y hundida la altitud del horizonte.
Cuelgan de la oscuridad todas las manchas de luz, los colores impasibles
de lo inmóvil, los huecos descomunales de la identidad.

(A través de los caballos de la oquedad, la frenética vivencia
de lo incomprensible, o el disfraz aterrador de la soledad. Siempre descreo
del pajarito opaco que cuelga de las sienes, del fotógrafo siniestro
de ventanas, de los que tocan el reloj de la noche poseídos por la obscenidad
de las disoluciones.  Siempre salto de una mendicidad a otra. Siempre sigo como
el último animal detrás de unas cuantas monedas.
Son duros los pies trepando sobre árboles de granito, sobre todo cuando envejecen
los prostíbulos y los diccionarios, las constelaciones y los miedos.
No me sirve el espantapájaros disperso de la saliva, ni siquiera este mundo
con la sombra de tu nombre: sigo aquí extendiendo esa sombra de la espera,
hecha opacidad mi dignidad, hundida en el vacío tantas madrugadas.
Cada vez me resulta inmensa y distante la estrella de la buena suerte.
Alrededor de la propia historia mueren los silencios o caen ensimismados
en la acequia suicida de los días. El reloj de la memoria, ah íngrimo aire.
En medio de mis imaginarios, los ecos del resuello sobre el respiro
de este trance de la espera: escribo sobre el camino ciego del ojo. Duele la piedra.)
Barataria, 2016

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